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Una Mirada desde la Psicoterapia Gestalt a los Apegos: De la Confluencia a la Existencia
Fecha: 11/10/2013.

Una Mirada desde la Psicoterapia Gestalt a los Apegos:

De la Confluencia a la Existencia

Teresa Bustamante Yabur*

Resumen

En este artículo se analizan, desde la óptica de una alumna del último semestre de la Especialidad en Psicoterapia Gestalt (corriente psicoterapéutica que es también una energía en proceso de configuración) a los apegos, producto de la resistencia al contacto que llamamos confluencia. Se abordan su origen y su dinámica, además de teorizar cómo obstruyen la plena existencia de las personas, que psicoafectivamente se funden con su objeto anhelado. La Psicoterapia Gestalt, procura que cada paciente pase del apoyo ambiental -de otra(s) persona(s), grupos, ideas, cosas; por introyectos y traumas-, al auto apoyo; que pase de la tóxica dependencia o confluencia, a la propia existencia.   El surgimiento del apego Desde el momento de su concepción, el ser humano se va desarrollando dentro de un espacio seguro; en donde la chispa de vida se prende y va iluminando paso a paso su evolución, conectado con su fuente de nutrición que es generalmente su madre. Se encuentra en un estado cálido, acuoso y apacible, atemporal y en el que no existen distancias ni fronteras. Su existencia es simple, sólo se limita a ser y crecer con todo lo que ES, siendo provisto de la alimentación necesaria para poder llegar a lanzarse a un mundo cambiante e incesante. La simbiosis entre la madre y el hijo, con el parto, pasa a ser de interna a externa; reforzando el vínculo afectivo cuando ambos se tocan y pueden percibir la calidez de la conexión piel con piel.   La simbiosis es algo que viene condicionado a cada ser humano y a otros animales, nos hace nutrirnos y mantener una relación beneficiosa entre ambas partes en forma bidireccional, cuando es de manera sana. Se desarrolla de forma distinta en animales y en los seres humanos. El objetivo primordial de la misma, es la creación de lazos que son provechosos para cada parte sin que exista daño alguno, fomentando la unión. Konrad Lorenz, etnólogo austriaco, estudió los patrones conductuales naturales de los gansos. Demostró que los gansos no siguen a su madre por instinto, sino por una tendencia a seguir a objetos de tamaños mayores a ellos que se encuentran en movimiento, sin ser necesario que sea mamá gansa. Seguir a mamá gansa o a cualquier objeto que esté a la vista, es algo que se aprende. Este aprendizaje de patrones de comportamiento es a lo que se le denomina impronta. Desde que salen del cascarón la impronta se manifiesta en las crías, es un aprendizaje que se lleva a cabo en un período breve dentro de los primeros días y que tiene relevancia en la futura selección de pareja, dentro de algunas especies. Así como ocurre en los animales, los seres humanos desarrollamos lo que se denomina apego. Según la Real Academia Española (2010) se podría definir apego "como afición o inclinación hacia alguien o algo". El apego se forma a través de un vínculo estrecho e íntimo dentro de las primeras etapas de desarrollo, con nuestros cuidadores primarios. Creamos lazos afectivos que posteriormente llevamos a la práctica en los vínculos que formamos en nuestra edad adulta. Pasamos de los brazos de nuestra madre para arrojarnos a la aventura que el mundo nos ofrece; recreando tal vez lo familiar, lo que nosotros consideramos afecto, dando calor a la chimenea de los más profundos sentimientos. John Bowlby (Feist & Feist, 2007) desarrolla la teoría del apego que se fundamenta en dos supuestos básicos: el primero de estos supuestos sienta las bases de que el cuidador, por lo general la madre, fomenta la seguridad en el niño demostrándole que ella es fiable y accesible en sus cuidados para proveerle lo que necesita. De darse así, de manera natural el niño desplegará un sentido de confianza y seguridad para explorar la vida. Esta relación amorosa entre madre e hijo es primordial para crear vínculos afectivos que ayuden a incrementar las probabilidades de supervivencia. Un segundo supuesto manifiesta que la relación afectiva que se crea entre ambos (aunque en ocasiones no, y entonces surgen los traumáticos asuntos inconclusos), sirve como base para el desarrollo y el funcionamiento de las relaciones futuras que el sujeto tenga como adulto, llámense de amistad o de pareja. Lo anterior quiere decir que la persona actuará en base a vivencias y patrones establecidos desde su infancia. Es debido a esto que la primera relación afectiva es de suma importancia; siendo este vínculo un estado no pasivo, sino una relación que se crea por medio de la comunicación amorosa entre ambas partes. Tanto el cuidador como el niño, crean a través de la interacción la unión de afecto. Mary Ainsworth (Coon, 2009), encontró que la calidad del apego se manifiesta en la forma en que los bebés se comportan cuando su madre regresa, tras un período breve de separación. Encontró tres tipos de apego: seguro; inseguro/evasivo e inseguro/ambivalente.  Los niños con apego seguro se sienten irritados al no tener a su madre cerca. Al regresar ella, tienden a acercársele, demostrando alegría de estar en contacto otra vez. Los niños inseguros/evasivos son ansiosos y no muestran ningún desconcierto al no tener a su madre junto a ellos y, al regresar ella, la ignoran o la evitan. Los niños con apego inseguro/ambivalente también demuestran rasgos de ansiedad, tienden a estar cerca de su madre cuando regresa aunque el contacto con la misma no les es placentero; dan mensajes contradictorios: por un lado quieren su cercanía y simultáneamente se resisten a ser tocados por ella. Según esta teoría el apego puede tener repercusiones a largo plazo, ya que los niños seguros afectivamente socializan más con extraños por la confianza que les ha sido imbuida por una madre afectuosa y atenta a las necesidades de sus hijos, desarrollando en ellos la posibilidad de confiar fácilmente en otras personas. El contacto físico placentero es pieza clave para desarrollar la confianza. Cuando el estímulo crea una sensación agradable y tranquila, las consecuencias son positivas para el vínculo. Esto lo pudo constatar Harry Harlow (Papalia & Olds, 2008) en una serie de experimentos, donde demostró que el contacto físico agradable juega un papel fundamental para que exista un lazo de cercanía. Utilizando monos separados de sus madres biológicas, reemplazadas por madres sustitutas, les daba a escoger entre unas hechas de alambre que les proveían de alimento a través de un biberón y otras de peluche, hechas de una tela suave y afelpada. Los monos preferían estar junto a la madre sustituta de tela, la cual les proveía de calor y suavidad; más que con la madre hecha de alambre. El contacto corporal parece ser más importante que la propia comida o fuente de su alimento. Se puede decir que el alimento físico pasa a un segundo plano teniendo mayor relevancia el alimento emocional. El apego siempre ha sido objeto de estudio para el ser humano. Una manera de empezar a comprenderlo a través de la historia, es desde el psicoanálisis. El apego es observado por Sigmund Freud, quien etiquetó a quienes lo padecen como personas con fijación a lo que llamó  << carácter anal >>.  Sigmund formula que en sus primeros años de vida, el pequeño es incapaz de cuidarse por sí mismo. Sin poder proveerse de lo que necesita para vivir, como alimento y protección, acude por medio de sus limitados recursos al mundo que lo rodea gritando, llorando y agarrándose para recibir lo que requiere, ya que él mismo no puede producir acciones para la obtención de nutrimentos. Necesita entonces poseer y apegarse a la fuente que lo provee para subsistir. Cuando esta necesidad de poseer una fuente externa para vivir sigue latente hasta la edad adulta, sin pasar por el desarrollo natural de maduración y desapego, el carácter de una persona se forma ansiosamente a través de la posesión de los objetos y las personas, mediante tóxicas manipulaciones. Retener es entonces la palabra que define al apego, ya que es la fuente que provee seguridad desde la infancia. La corriente humanista ha puesto hincapié en que el hombre ha pasado de concebirse a él mismo y a su propia existencia (de ser un sujeto a ser un objeto), por la falta de identificación con el sí mismo. Agarrándose desesperadamente de cualquier cosa que le brinde una seguridad relativa a la obtención de  lo que desea, que en realidad es un apego a la ilusión de tener algo seguro para poderse definir a sí mismo. El apego llega a tomar gran relevancia, ya que en realidad no importa  si alguien tiene posesiones, sino cómo esa posesión lo tiene a él mismo. El hombre orientado al tener anda siempre con muletas, no con sus pies. Necesita una cosa aparte de él para ser él mismo y para ser algo. Él sólo es él en tanto tiene algo. Define su ser un sujeto por tener un objeto. De manera que él es poseído por el objeto de su tener: la cosa lo posee.(Fromm, 2007, p. 189). A la expresión: << sin ti mi vida no tiene sentido>>, Viktor E. Frankl contestaría que el hombren lucha por darle sentido a su vida, en lugar de descubrirlo. Le << da >> un sentido conforme a las circunstancias impuestas o autoimpuestas por el mismo individuo, o por la sociedad en la que está inmerso. Por su incapacidad para descubrir un significado propio y auténtico de su propia existencia, cae en el impasse o vacío existencial, tendiendo a buscar refugio en el placer meramente hedónico y el poder. La meta se convierte en el objetivo principal, en lugar de ser la consecuencia de una vida con un sentido propio. Anthony de Mello, S.J. define el apego como un estado emocional de vinculación compulsiva a una cosa o persona determinada, originado por la creencia de que sin esa cosa o persona no es posible ser feliz. Tal estado emocional se compone de dos elementos; uno positivo y otro negativo. El elemento positivo es el fogonazo de placer y la emoción, el estremecimiento que se experimenta cuando se logra aquello que se anhela; a lo que después se estará apegado.  El elemento negativo es la sensación de amenaza y de tensión que siempre acompaña al apego. (Mello, Una llamada al amor, 1991, p. 27) Corrientes filosóficas como el Budismo han estudiado también la relevancia que tiene el apego en la vida del hombre. Para el Budismo el apego significa <<sed>> y puede ser entendido como deseo, anhelo, posesión, que es la fuente de todo sufrimiento, que prevalece en la vida debido a confusión mental o ignorancia por no comprender la no permanencia de las cosas, teniendo como resultado apegarse a las mismas. Este  pensamiento se basa en que no podemos eludir el carácter efímero de la vida, esto es lo que nos lleva a sufrir. Nos aferramos a las cosas, a la gente, a los lugares, a las ideas, a los vicios y sobre todo al concepto que tiene cada quién de sí mismo. El problema sustancial de esto, es que todo a lo que se apega el ser humano es a una ilusión, la de poder obtener la felicidad por medio de la permanencia y no en la aceptación de la transformación que se da en la vida en sí. De la Confluencia a la Existencia Toda existencia lleva una concepción del mundo de manera individual. Así como cada quien respira con sus propios pulmones, todos somos responsables de lo que somos en esta vida y de la ampliación de conciencia que podamos alcanzar por medio del desarrollo y de la utilización de nuestros propios recursos. Ser en el mundo o Dasein, es per sé la existencia del hombre para los existencialistas. Todos tenemos la capacidad de tener una plena existencia, alcanzando la libertad de la ampliación de conciencia; abrigando nuestra propia individualidad, que va ligada a la plena responsabilidad de ser lo que somos, y de todo lo que podemos llegar a ser, con el mundo como testigo. El hombre no tiene existencia aparte del mundo, interactúa en y con él y es aquí donde se desarrolla. Libertad y responsabilidad son palabras que muchas veces son fáciles de pronunciar. Sin embargo, asumirlas  no sólo en verbo sino en vivencia, puede provocar ansiedad para el hombre, ya que cae en cuenta que él es el único responsable de su caminar, de sus decisiones. Ahora ya no está dentro de ese núcleo cálido donde se le provee de todo lo que necesita sin esfuerzo. Es él quien tiene que movilizar todos sus recursos para proveerse la tan ansiada felicidad. La existencia plena es en sí movimiento, proceso, evolución, cambio que se traduce en afrontar que nadie más que uno mismo puede ser el guía, estando en contacto con todo lo que se es y con su ambiente. Con nuestra totalidad, con nuestro cuerpo sumergido en nuestros sentidos palpitantes, nuestras emociones cambiantes, nuestros pensamientos fluctuantes, ser totales para darnos lo que necesitamos. Para la Psicoterapia Gestalt, la tendencia del individuo es a estar en equilibrio. Cuando surge una necesidad, se desestabiliza energéticamente el organismo y para volver al equilibrio, la necesidad o se satisface o es eliminada por medio de nuestra regulación organismica interna. ¿Cómo confiar en nuestra totalidad si hay desconocimiento de la misma; de lo que somos, de lo que podemos llegar a ser y de lo que nos podemos proveer? Cual náufragos buscando tierra firme, para no sumergirnos en las profundas y desconocidas aguas del amargo vacío estéril, que provoca el no vernos ni sentirnos, nos apegamos a lo que nos mantiene a flote, por el miedo a descubrir lo que hay en las profundidades de nuestro ser; perdiendo de vista que es ahí donde existen las potencialidades creativas de nuestro existencial vacío fértil, donde nos encontramos con la propia autenticidad. En este punto nos encontramos con el neurótico, el cual presa de la marea de sus miedos, no ve lo obvio. Nadie está exento de haber tenido contacto con su neurosis, siendo parte de su historia de vida los mecanismos neuróticos como ingredientes que conforman la conducta de la persona, los cuales fueron necesarios en su momento para sobrevivir, así como su interacción con el campo ambiental, fomentando la desintegración del individuo con él mismo y, además, entablando una relación inadecuada con su ambiente. Es así que a través de su conflicto neurótico, la persona se siente manipulada por su ambiente; sin darse cuenta que es él mismo quien moviliza sus recursos energéticos para seguir manteniendo las mismas acciones nocivas, generadas por la limitación de su conciencia. Esto hace que no llegue a observar las situaciones en todo su amplio horizonte, para poder manejar los temas que le hacen figura, y lograr cerrar su gestalt. Las consecuencias se hacen evidentes al acumular un sinnúmero de asuntos inconclusos, que en suma hacen de la persona un ser despersonalizado, ajeno a su verdadero yo, cayendo en forma constante en la auto interrupción de su proceso de configuración. El neurótico es una persona que desperdicia su potencial, usándolo para manipular  a otros y obtener lo que quiere. Necesitado de control, hace uso de roles y máscaras, movilizando y utilizando el ambiente para que haga lo que a él le corresponde hacer para sí mismo; en lugar de madurar y pararse sobre sus propios pies. El neurótico teme al vacío, lo que lo lleva a cubrirlo con apegos a gente, a adicciones, a cosas materiales, al sexo, a la religión, a situaciones, a costumbres, a estados emocionales, a roles y máscaras. Paralizado por el miedo irracional de no encontrar seguridad en sí mismo, busca factores externos que cubran “la ausencia”, su propio vacío estéril, vacío de su propia esencia. Todo esto surge porque la persona no encuentra el equilibrio entre el ir y venir entre sí misma y el mundo; el ritmo de contacto y retiro se ve quebrantado. En la neurosis existe la dificultad de contactar consigo mismo y con el ambiente. Es entonces que se sustituye el auto-apoyo por el apoyo ambiental. La persona se identifica con la máscara para crear un ambiente artificial falto de autenticidad, creando así el motor que mueve todo este circo de la angustia y la manipulación al entorno. En la zona entre lo que realmente soy y el exterior, se encuentra la zona intermedia (ZIM). La ZIM Impide el contacto con el otro de manera adecuada, es un amortiguador entre la zona interior y la exterior. Es el área de todos los supuestos, los rollos, fantasías; allí se habla en silencio, se hacen planes. No se está en contacto con lo que realmente está en ese momento, con lo que realmente ocurre ni con lo que realmente es la persona. Allí se compone al mundo; evitando lo doloroso, cerrar la gestalt, vivenciar y adaptarnos sanamente con tolerancia a la frustración y al mundo real. También es en la mente, en la ZIM donde, por tóxicos introyectos y experiencias traumáticas (asuntos inconclusos), nuestras psicopatologías encuentran su hogar. La Psicoterapia Gestalt le da al apego el nombre de confluencia, que es una resistencia que produce  un pésimo apoyo de contacto cuando se rigidiza, que ocurre cuando el individuo no siente ningún límite entre él mismo y el ambiente que lo rodea, cuando siente que es uno con él, se dice que está en confluencia con el ambiente. Las partes y el todo se hacen indistinguibles entre sí... “En  la confluencia se exige similitud y se niega la tolerancia a las diferencias”. (Perls, El enfoque guestáltico y testimonios de terapia, 1976, pp. 48-49). Así como en el yin-yang, símbolo de la filosofía ancestral china, existen dos fuerzas opuestas y complementarias que se encuentran en todas las cosas, también existen la confluencia sana y la tóxica. Dos caras de la misma moneda: la confluencia sana y la confluencia tóxica. La confluencia es una resistencia que se genera en busca de nutrición, surge cuando la persona  no encuentra el equilibrio entre el ir y venir entre sí mismo y el mundo; el ritmo de contacto y retirada se ve quebrantado. En el neurótico existe la dificultad de contactar consigo mismo y con el ambiente. Es entonces que se sustituye el auto apoyo por apoyo ambiental. La persona se identifica con su máscara para crear un ambiente artificial falto de autenticidad, siendo el motor que mueve todo este circo de la angustia; manipula al entorno para saciar la ansiedad que se construye por medio de una brecha entre el ahora y el después. La confluencia sana es nutriente, es en la que se viven el afecto, el amor y la intimidad. Sirve para adaptarnos y pertenecer y además, puede generar experiencias cumbre. En ella, cada individuo sabe que la unión es temporal y no pierde su unicidad e integridad total mientras se une o comparte. La confluencia tóxica se trata de una situación de pésimo, o de nulo contacto. Es una fusión  por ausencia provisional de los límites de la frontera de contacto (exceso de permeabilidad), cuando el sí mismo no puede ser identificado y padece un aislamiento fóbico (temor al abandono y a la soledad). La persona confluente no sabe quién hace qué cosa a quién. Cómo se genera la confluencia tóxica Todo esto es germinado en primera instancia por los introyectos, de los que están llenos los asuntos inconclusos, que son una gestalt incompleta; necesidades que pasan al fondo sin una mínima satisfacción. Pudiendo llegar a crear la llamada pauta neurótica de comportamiento, dando la misma respuesta a situaciones diferentes, una manera repetitiva de reaccionar y encarcelarse en la neurosis. Detrás de todo sentimiento existen una o varias necesidades que desean ser cerradas o satisfechas. Cuando esto no sucede, la vivencia queda emocional y energéticamente viva en el presente y se vive como asunto inconcluso. Esto quiere decir que la energía no permite que la experiencia se vaya al fondo y permanece en el intento de emerger como figura; lo que genera reacciones ante nuevas situaciones con respuestas viejas y repetidas, no permitiendo flexibilidad ni frescura, sino al contrario, las conductas se vuelven rígidas y acartonadas. La ZIM es la zona recurrente del neurótico, ahí hace y deshace su mundo.  La dinámica de la confluencia tóxica se puede abordar desde diferentes ángulos como el materialismo, adicciones, fanatismos, estados emocionales, etc. Claramente se puede observar en las relaciones interpersonales. Desde ellas se seguirá abordando en este artículo, específicamente. El confluente tóxico es un neurótico que utiliza su camuflaje presa-depredador (perro de abajo - perro de arriba) para poder obtener lo que quiere. La presa a veces llora sus demandas bajo el letrero que dice <<indefenso ante el mundo>>, se manifiesta el perro de abajo, chantajista y evasivo; en otras ocasiones surge el depredador con el letrero <<debo ser para ti lo que tú para mí>>, utiliza todas sus habilidades para arrinconar y enjuiciar a la víctima, emerge el perro de arriba: virtuoso, amenazante, castigador y autoritario.

El miedo es la leña que prende el fuego de la confluencia tóxica, imaginando por medio de fantasías catastróficas que el fin del mundo se puede dar si existe una separación del otro. Lo que en realidad es un deseo, se cree que es una necesidad. El mal entendimiento de estos conceptos acarrea muchos problemas en las relaciones humanas. En realidad existen tres tipos de necesidades: 1) las fisiológicas (respirar, beber, comer, dormir, etc.); la persona si no llega a satisfacer estas necesidades puede verse mermada en su salud e incluso llegar a morir. 2) Las psicoafectivas (pertenencia, afecto, seguridad, autoestima, valoración, auto realización, etc.), que si no se gratifican el hombre puede seguir viviendo, sin embargo su vida es limitada sin elegir libremente. 3) Las existenciales que se encaminan al descubrimiento del propio sentido de la existencia plena y que tienen como consecuencia la trascendencia del sí mismo en la tierra (Preciado, 2012). Una necesidad no mínimamente satisfecha, genera un asunto inconcluso, que es una energía que queda atrapada en espera de ser liberada por medio de expresar lo no expresado en su momento. Busca la ocasión precisa para saltar y llegar a cerrar la gestalt, dando fin a la auto tortura.  A pesar de que el ser humano busca cerrarla por naturaleza, las resistencias presentes que antes lo ayudaron a sobrevivir, ahora le impiden vivir existencialmente, repitiendo las conductas para no terminar la experiencia por temor al fracaso, al rechazo, a perder afecto, a la separación, fantasías catastróficas, sobre-responsabilidad por el otro y temor a ser feliz. La necesidad brinca y se crean expectativas, se espera con actitud pasiva que algo suceda para ser satisfechas por medio de apoyo externo. De aquí provienen las frustraciones y las falsas necesidades. No existe compromiso ni responsabilidad consigo mismo, porque los satisfactores son externos, están fuera del poder propio y solamente los demás los pueden proporcionar. La expectativa se relaciona con la recreación de los deseos que dependen de uno y es la vía segura a la frustración. La expectativa genera angustia de que algo suceda y miedo de que no se haga realidad. En lugar de <<yo quiero>>, que es un deseo, usamos el <<yo necesito>> para esperar pasivamente que se apegue a lo que se imagina uno que debe de ser la realidad. La confluencia implica la no existencia o el no darse cuenta de la existencia de límites; es un tomar uni-eidad como un hecho establecido. La confluencia en un adulto es fijación sado-masoquista, disfrazada de amor.  (Stevens, 1991).   Parece ser que buscamos una lista interminable de cualidades en los otros, sin observar detenidamente que lo único que hacemos es llenar artificialmente nuestros huecos. Los huecos en la personalidad es otro de los ingredientes para germinar y florecer la confluencia. Los huecos son zonas que han sido desprovistas de vida por un largo tiempo. Se buscan relaciones complementarias y no totales, con el desconocimiento de que tenemos, aunque en muchas ocasiones potencialmente, todas las cualidades para ser felices. Para Fritz Perls los huecos son esas partes alienadas, negadas o rechazadas de uno mismo. Los huecos son parte nuestra, nos completan y nos integran. De ellos surgen las polarizaciones; al no estar contactados con esas partes las disociamos, mal diferenciando lo que somos y lo que no somos, vamos perdiendo partes importantes del sí mismo para no vivirse cada uno como ser total. La persona seriamente polarizada busca en otros sus opuestos no reconocidos o aceptados, a lo que se le llama coloquialmente “el espejo humano”. Al no aceptar alguna polaridad, o aferrarse a una y no ver la otra, hace que se aproxime más lo temido, la pérdida del otro. Cuanto más se aferra uno a algo, más se escurre de las manos. Mientras la persona experimenta únicamente algunos de sus extremos, carece de centro. Al crear huecos en la personalidad perdemos vitalidad y energía, ya que al rechazar un sentimiento o un impulso, interrumpimos el flujo de energía que nutre nuestro  organismo. Buscando llenar los huecos, intentamos sustraer de los otros las piezas que imaginamos que nos hacen falta; la avalancha de frustración crece más y más ya que no encajan porque son ajenas y en realidad existen en nosotros en potencia, aunque han sido apartadas. La proyección, negación de partes propias y su alienación van de la mano. Al negar algo de uno, lo disociamos o alienamos y es este material el más susceptible de ser proyectado. Lo que se proyecta con mayor conflicto es lo que corresponde al no yo, o sea a los huecos de la personalidad.  En la medida en que se rechaza o se desconoce algo propio, uno es más sensible a verlo en otros.  En la medida que admiro excesivamente algo en otro, estoy hablando de una potencialidad no consciente. La mayoría de nosotros tiene huecos, o partes << faltantes >> de nuestro ser. Los aspectos perdidos de nosotros mismos los experimentamos como incapacidades o defectos. Los revelamos por las proyecciones; los experimentamos como si, en cierta forma, estuviesen fuera de nosotros y, generalmente, en otras personas.

Al haber prescindido de algunas partes de nosotros mismos y proyectarlas hacia el mundo, nos hemos separado de nuestro poder. (Perls, Terapia Gestalt, 1994). La resistencia principal que luego se convierte en confluencia y acaba creando al confluente, es la introyección. Los introyectos no sólo son generados por medio de nuestros cuidadores sino a nivel social, reforzando la confluencia tóxica. Algunos, como los aprendidos conceptos de amor, felicidad y soledad, hacen escollos en la vida de las personas. Amar no es depender sino es dar gratuitamente lo mejor de sí, no es servir sino entregar lo que se es en el momento presente, con la total confianza de que simplemente el noble acto ejecutado con el corazón, nutre. La felicidad no es algo inalcanzable ni fin hedonista que algo externo a mí me tenga que dar; es algo que se vive con los actos que enaltecen y fomentan el exponer lo que somos al mundo. La soledad no es no tener a alguien junto a ti, es saberse un ser individual que se puede relacionar consigo mismo, compartir con los demás y regresar al sí mismo. En la Psicoterapia Gestalt se busca la aceptación e integración de las partes alienadas, trabajando las resistencias que van surgiendo. Los asuntos inconclusos, la falta de identificación con el propio self por los huecos y los introyectos del significado aprendido del dolor, amor, felicidad, vacío, soledad, etc., son el caldo de cultivo para establecer relaciones confluentes.   << Necesitar de alguien>> y apegarse, es darle el control total de nuestra existencia, haciéndolo responsable de todo lo que pueda pasar con nuestra mente, nuestro cuerpo y nuestros actos; tremenda responsabilidad que es imposible de llenarse. Sin embargo los neuróticos y personas que padecen psicopatologías más severas, suponen que esto es factible e indispensable para poder ser felices.  Los neuróticos representamos el espectáculo de un circo. Así como en un circo, vamos errantes e itinerantes de situación en situación, en cada etapa de nuestras vidas desplegando todos los personajes que habitan en cada uno de nosotros. Entreteniendo la mirada de los demás de manera artística, gastando esa energía en el afuera, sin intentar siquiera despedir a los cirqueros para empezar a vivir la vida en lugar de representarla. Se incluyen acróbatas, payasos, magos, adiestradores de animales, hipnotizadores y otros artistas. Es representado en el interior de una gran carpa que es nuestro cuerpo, contando con pistas y galerías de asientos para el público. Entreteniendo al mundo disfuncional para poder encajar en él, mal funcionando dentro del mismo y desenergetizando nuestra fuente de poder para poder abastecer a los demás de una razón que sólo es de ellos, cada vez alejándose más de lo que realmente existe para seguirse poniendo el disfraz del cirquero, que llega a ser tan tentador que a uno se le olvida que lo trae puesto y termina por creerse la propia farsa del personaje. Se aleja de la sabiduría de que vivir es renunciar a respuestas obsoletas, relaciones desgastadas y tareas que van más allá del propio potencial. Al primer personaje del circo lo he llamado << el payaso >>, el bufón que se cree las propias fuerzas auto derrotantes y auto destructivas.  Pinta su vida con caritas tristes o alegres al compás de las risas de los demás. Infla o desinfla globos incontrolablemente como sus sentimientos, apachurrándolos o creciéndolos para responder a las necesidades del espectador. Respondiendo a los “yo debería”, juega un rol que no se basa en necesidades genuinas, volviéndose  falso y fóbico. Busca un compañero o compañeros que sigan el juego manipulador, incapaz de asumir la completa identidad y responsabilidad de la conducta madura. No puede concebirse a sí mismo como una persona autosuficiente, capaz de movilizar su propio potencial; al vivir en el mundo manipula el ambiente. Aquí es donde puede llegar el impasse existencial, donde el payasito oculta detrás del maquillaje la expectativa catastrófica, así lo imagina y se previene de tomar riesgos considerables y tolerar los dolores de la maduración. No quiere quitarse la máscara, por miedo a tocar el vacío al dejar de representar algo que ha fingido toda su vida y por no saber qué hay más allá del personaje, ya que nunca ha vivido a través de sus sentidos y es así que no ha tocado la sensación de ser él mismo y darse cuenta de su existencia. En Psicoterapia Gestalt se habla del <<acting out>>, ser impulsivamente autor de un personaje ficticio, el actuar deliberado manipulando y manipulándose y el no darse cuenta de que vivimos de cierta manera, nos lleva a ser payasos.

Otro personaje es << el tigre >> de la agresión, que es controlada porque se pasea en jaulas pequeñas buscando salida a su agresión, producto de su propio malestar por no ser libre. No es la agresión en sí la que es buena o mala, sino que es nuestro malestar o incomodidad la que la provoca. La agresión surge de la contienda entre el perro de arriba y el perro de abajo, en el que cada uno lucha por ser el vencedor, cada uno golpea al otro con el látigo de conductas autodestructivas, usando a la retroflexión como su aliada y a los introyectos como la bandera que los sustenta en esta batalla. Las << luces del escenario >> forman parte de la realidad del espectáculo. Si la vida se concibe rosa, el escenario se tornará de este color. La luz del espectro de la realidad es determinada por los intereses y necesidades específicas del individuo. Cualquiera que sea la necesidad más destacada del organismo, ésta hace aparecer la realidad como tal. Si una necesidad es satisfecha genuinamente, la realidad cambia. Cambia al color de la realidad a otra mucho más genuina, donde existen diversidad de colores y matices dependiendo de la situación. Quiero hablar de otro de los animales del circo personal que cada uno llevamos dentro:  << el perico >> enjaulado con la puerta abierta, esta ave que no se da cuenta que ya no está encarcelada y sigue sin moverse, impávida por creerse viviendo todavía en el pasado, alimentando su pauta neurótica de no ser libre. La responsabilidad es libertad, es la capacidad de responder de diversas formas ante una situación dada. A veces no se quiere la libertad y se prefiere la postura victimizada de no tener opciones. Esta libertad también implica el despedirse y dejar esa sensación de estar agarrado a algo o alguien, sin necesidad de lamentarse para que acudan a él, sin la necesidad de manipular a los demás para que lo valoricen, sin un sentimiento de estar incompleto. 

La << pitonisa que adivina el futuro >> es uno de los personajes a los que más se acude y se vuelve un vicio acudir a ella. Es la pura fantasía, que ocupa el lugar de la forma natural de tomar decisiones basándose en lo obvio; en los sentimientos, en el cuerpo y en los sentidos. Tomando la actitud malsana de vivir en base a los ideales y las fantasías de la mente, sustentada en la racionalidad. Sacrificar el presente por algún incierto bien futuro es agotador. La persona viva funciona de manera íntegra, usando congruentemente su cuerpo y sus sentidos y viviendo en el presente; íntegros, expuestos a lo que somos aunque muchas veces no nos guste ver cómo somos, por no saber usar eso que consideramos que no es tan atractivo ante nuestros ojos y los de los demás. La ilusión del futuro hace que se pierda el ahora, como un espejismo. Se Pierde contacto con la vida, con lo que se tiene disponible en el presente y con los recursos con los que se cuenta.

Otro que le encanta hacer de las suyas es el fortachón, << el hombre fuerte >> del circo que siempre padece la sed de un logro, insaciable y atemorizante va por el camino buscando éxito, acumulando logros vacíos en esencia. Detrás de ese personaje fuerte, existe la debilidad de no conocer sus propias fortalezas internas que no lo harían caer ante la sutil crítica de alguien. Hay una gran diferencia entre el  hacer  para que el Ser se exprese  y el  hacer sustentado en la aprobación de otros .

Sigue dentro del repertorio << la estatua viviente >>, la que espera y desespera por largas horas para moverse utilizando a la esperanza, esperando que las cosas mejoren por sí solas. A fin de cuentas, así como en las estatuas lo estático no tiene vida, no se mueve, no mejora, no crece y mucho menos expresa lo que tiene dentro de sí. Despertar la experiencia del ahora, contactando con los temores que se inventan para impedir obtener directamente lo que se quiere, es la contienda que hay que ganar. Hay que desaprender a ser estatuas, más que perfeccionar el aprendizaje de ser algo falso.

El << hipnotizador de serpientes >> practica la auto hipnosis, asegurando que se debe de ser de cierta manera o no seremos amados, no tendremos éxito, induciendo un compromiso con las palabras como un substituto de la realidad que está detrás de las palabras. El trabajo que tenemos que hacer es deshipnotizarnos, despertar del trance. No es tan fácil, ya que puede ser muy cómodo no ver lo que está ante nosotros, no enfrentarnos al miedo imaginado, al falso personaje, a la manipulación que ejercemos en los demás y a la que los otros ejercen sobre nosotros. Desde lo micro hasta lo macro, podemos observar a este cirquero en cada uno de nosotros, en nuestra comunidad, en nuestro México, nos hipnotizamos para no hacernos responsables de nuestra propia desdicha. Dependemos de que los demás bailen al compás de nuestras respectivas necesidades, en lugar de trabajar para con nuestro personal potencial obtener los satisfactores y pasar al equilibrio del sano retiro.  

El << traga dagas >>  es el nombre de este magnífico artista de la retroflexión, haciéndose a sí mismo lo que le gustaría hacerle a otros. Traga la rabia y el coraje con tanto ahínco que se hace experto en este arte cada vez que hay ocasión.

No podía faltar el << caricaturista >> de la realidad que se basa en la  actividad mental, pensar, planear, imaginar, etc. Es un autista esquizoide que se relaciona con el sí mismo y no con el mundo. Quien es realmente el artista de su vida es el ser creativo, trae la fantasía al mundo, descubre que ésta se desarrolla y cambia través del contacto. No pretende encajar a fuerzas lo que su mente crea con la realidad, utiliza su pensar como un boceto para utilizarlo en la acción. No se frustra ante la disparidad que existe entre su pensar y el mundo. Se sorprende, es flexible, se deja fluir ante la creación que pasa de una idea a la acción de su idea en un producto. La mente es un ingrediente más a utilizar, como el cuerpo y los sentidos para aprovecharlo para crear. Cualquiera que sea el resultado final, los productos de la mente están en continua interacción con los eventos reales. Las conceptualizaciones no son más que modos de trabajar con el mundo verdadero, no como verdades sino como herramientas útiles.  La dificultad de la mente es que se convierte en sustituto del mundo real, en lugar de ser una herramienta para relacionarse con él. Un psicótico es quien ha perdido el sentido de la diferencia entre la realidad y la fantasía. El << acto del mago >>  hace que nos falsifiquemos a nosotros  mismos, es negar algo que existe y crear artificialmente algo que no existe. Descubrirnos a nosotros mismos es ver aquellas partes que son fingidas y las que son negadas. El buen contacto viene de ser lo que se es, sin intentar ser otra cosa. 

Características de la confluencia tóxica Hay un terrible miedo a ser. No se toleran las diferencias, no son aceptadas. Cuando precisamente son las diferencias entre los seres humanos las que nos enriquecen y nos aportan conocimientos y experiencias nuevas. Se pierden límites, hay una terrible fobia a quedarse solos perdiendo identidad y autonomía. La autoestima es proporcional a la valoración externa. La percepción se ve limitada al objeto que me provee seguridad y bienestar temporal. Se evita el pleito y la discusión sin tener capacidad de elección sobre la propia vida, para no romper la pauta neurótica. La vida, las actividades, los gustos e incluso la selección de pareja y amigos, están condicionadas a lo que la otra persona quiera. No se ve ni se siente, se vive en un total entumecimiento emocional donde no se toleran las diferencias, que se mantiene a costa de sí mismo. Erving y Miriam Polster exponen dos claves en las relaciones confluentes: son los sentimientos de culpa y rencor. Si una de las partes advierte que ha violado la confluencia, se siente obligada a disculparse o a pagar una indemnización por incumplimiento de contrato. Quizás ignore por qué, pero tiene la sensación cabal de haber delinquido y cree que se impone la reparación, la expiación o la pena. Tal vez solicite el castigo; tal vez lo busque, sometiéndose mansamente al trato áspero, a las recriminaciones y al distanciamiento; tal vez se lo imponga a sí misma, mediante una conducta retroflexiva, rebajándose y humillándose cruelmente, o sintiéndose malvada o despreciable. El sentimiento de culpa es una de las grandes señales de que se ha quebrantado la confluencia. La parte contraria, la que se siente víctima, experimenta una virtuosa resignación y amargo resentimiento. Está lastimada y ofendida. La han traicionado y agraviado, han pecado contra ella. Tiene que obtener algo del ofensor. Exige que por lo menos, se sienta culpable por lo que ha hecho, y que se esfuerce hasta la extenuación por disculparse y desagraviarla. También el sujeto ofendido puede retroflexionar en el intento de procurarse algo de lo que quiere del otro, ya que sus demandas, carentes de realismo, suelen ser insaciables. (Polster & Polster, 2008) La confluencia puede llevar a la fijación por el aferramiento al contacto a cualquier costo, con un tremendo miedo al aislamiento por introyectos y retroflexionando, castigándose con altos grados de exigencia hacia sí mismo para llenar las expectativas del otro, o exigiendo que el otro le cumpla las suyas.

Trabajo con la Confluencia Lo que busca el psicoterapeuta Gestalt es que su paciente aprenda a estar consigo mismo, para darse cuenta de su cuerpo, de sus sentimientos y pensamientos; y de qué forma todo su ser interactúa con el ambiente, dando de sí y recibiendo del mismo los beneficios obtenidos de su auto-apoyo, sin manipular para obtener el apoyo ambiental. Que a través del darse cuenta,  (awareness) llegue a vivir en el aquí y el ahora como persona en su totalidad y no de manera segmentada ni auto mutilada. Sucede que la persona auto mutila sus virtudes para poder encajar en una sociedad cada vez más neurótica.  Bloquea su conciencia sin poder abrirse a la experiencia plena, sin discriminar suficientemente entre fantasía y realidad. Las etiquetas o prejuicios se manifiestan, dando más importancia a lo racional que a lo vivencial, lo que se imagina que es o que puede ser, es más fuerte que el hecho de lo que realmente es. La asertividad no existe en su lenguaje, la comunicación dista mucho de ser clara y directa. La persona se vuelve ambigua, sin claridad en lo que siente, lo que quiere y con quien quiere (o no) estar. Todo esto se resume en falta de madurez; para tener madurez la persona tiene que vencer la dependencia y pararse sobre sus propios pies, erradicar el miedo al presente asumiendo su responsabilidad, su lugar en la historia y elegir su propio camino. El yo es la casa donde habitamos y por lo general sólo nos mantenemos en una sola habitación, dando vueltas alrededor de ella con la expectativa de que alguien la haga más luminosa. Dejamos de percibir que existen otros lugares, perdemos la oportunidad de explorar grandes espacios interiores con hermosas decoraciones. Si es que nos atrevemos a salir de la habitación, reducimos la experiencia a pasillos estrechos y limitados. El cambio exige movernos, salir de la zona de confort, de un impasse existencial y utilizar nuestros recursos. Darnos cuenta que las paredes y los límites los construye uno mismo por miedo de enfrentar lo real, la casa, mi casa, mi self  que no tiene límites. Las fronteras nos funcionan para sentirnos seguros, contenidos y a la vez nos restringen a un mínimo espacio para caminar y desarrollarnos. El hombre se aburre fácilmente ante el personaje establecido dentro de sus máscaras, roles y pautas neuróticas, busca el cambio desesperadamente apegándose a lo que le es conocido y amurallando su espacio personal para no ser lastimado. Por más incongruente que parezca, al verse acorralado por sus mismos juegos auto-manipuladores no hace más que reinventarse a sí mismo en la lucha por la transformación, en aras de encontrar estabilidad en su vida. Con todas sus fuerzas quiere cambiar el seguir atado, a expensas de sus propios vicios emocionales y de conducta, que lo llevan a tropezar una y otra vez con los grilletes de su propia forma de vivir. La Psicoterapia Gestalt nos demuestra, junto con la teoría paradójica del cambio expuesta por Shutz Beisser, que el cambio se produce cuando uno se convierte en lo que ES y no cuando trata de convertirse en lo que no es. Lo paradójico es que mientras más tratamos de ser lo que no somos, más permanecemos en el estado que nos encontramos. Tratar de ser lo que no se es, no constituye ningún auto- apoyo. Perls nos habla de que lo que es, es y al tomar contacto con lo que es, algo cambia. Los antídotos de la confluencia son el contacto, la diferenciación y la enunciación clara. El sujeto debe de empezar a experimentar las elecciones, necesidades y sentimientos que son exclusivamente suyos, y que no necesariamente tienen por qué coincidir con los de otras personas. Debe aprender que puede afrontar el terror de separarse de esas personas y seguir vivo. (Polster & Polster, 2008, pp. 99-100) Los conflictos del cambio se dan cuando la persona no se identifica consigo misma sino con su propia resistencia de la confluencia; sin conocer sus propios sentimientos y necesidades, sólo dejándose llevar por sus impulsos neuróticos. Para crear las condiciones que fomenten el darse cuenta y que auxilien su cambio, se requiere que la persona se voltee a ver a sí misma, soltando las ataduras de la confluencia poco a poco, apropiándose de sus propias experiencias de vida, dejando el control a un lado y tolerar las frustraciones que puedan llegar en el proceso.

Vivir con estilo Gestalt genera autoestima                               Vivir con amplitud de conciencia es estar vivos al 100% ya que lo demás es estar en un estado vegetativo, viviendo a medias, respirando a medias, disfrutándonos a medias; adaptándonos a nuestra propia ceguera emocional por miedo a experimentarnos y atravesar la barrera de los falsos papeles, con la esperanza que de esta manera podamos rescatar partes de nosotros mismos que han sido relegadas. Utilizando la responsabilidad (habilidad para responder) como la puerta que nos guía hacia la apertura de conciencia; la cual se adquiere y va directamente en proporción de actos auténticos que brotan del yo genuino y no imitativo. Entre más consciente es uno, es más hábil para responder y saber en dónde sí y en dónde no quiere estar. La visión de la vida adquiere claridad entre lo que se es y lo que no se es. Si la persona no se puede distinguir como un ser aparte del otro; con habilidades, gustos, sentimientos, pensamientos y vida independiente, mucho menos puede saber quién es en realidad. Coincidir con la otra persona es respetar su propia vivencia, compartir sin invadir ni ser invadido para poder nutrirse ambas partes del encuentro. Pisar las huellas del otro es invalidarse el propio esfuerzo por plantar su existencia en esta tierra. Fijar caminos paralelos es labrar mundos que se comparten, caminar juntos pero cada quien a su ritmo y distancia; haciendo los votos más sagrados de amor: los votos dirigidos hacia uno mismo, de amarse, procurarse, protegerse e impulsarse para ser y hacer lo mejor consigo y luego a los demás, sin apego. La autoestima juega un papel sumamente importante para poder deshacer la confluencia; es el pleno conocimiento de que uno es capaz. Sintiendo la confianza de transitar por el propio camino porque existe conocimiento y aceptación de los propios claro-oscuros. Confiando en el propio organismo, se tiene claridad de la propia valía y se enfrentan las vicisitudes como oportunidades de crecimiento. Uno no nace con autoestima, es algo que se va forjando día a día respetándose a sí mismo en el derecho de vivir, de ser tratado con dignidad y de expresar sus pensamientos y sentimientos. Se es competente cuando se reconoce todo el potencial  que se tiene y se le utiliza a favor, sin traicionarse ni invalidarse para darle gusto a los demás. Como ser viviente uno es cambiante y siempre está en el proceso de auto-explorarse, la consecución de esto es crecer y renovarse día a día; haciéndose estas tres simples preguntas: ¿qué siento?  ¿qué deseo?  ¿qué hago para conseguirlo?  Me conozco, me acepto con las cosas que me gustan, me valoro hasta en lo que no me gusta de mí, me estimo y trasciendo. Si no te conoces, si no te aceptas, si no te valoras y no te estimas, no puedes hacer lo mismo con los demás. Una actitud humanista es una actitud de amor. Si no te conoces lo suficiente, en lugar de ser creativo te conviertes en un ser imitativo y susceptible a los caprichos de los demás. Me conozco, conozco mi cuerpo, mis gustos, mis preferencias, mis habilidades, mis capacidades, mi sentir, mi pensar, mi actuar, mis deseos y fantasías. Acepto todo lo que soy, sin vergüenza al qué dirán, comprendiendo que cada uno es un ser único y que lo que se es, tiene valor por existir. La aceptación viene de experimentar la realidad de nosotros mismos, sin negarla. Estar dispuestos a admitir en viva presencia, integrando en la conciencia de nuestra realidad como ser único e irrepetible. Poco a poco ir escarbando los recursos negados para que broten con la fuerza y el gusto de ser amigos de uno mismo. Se nos enseña a honrar a nuestros ancestros con un profundo respeto y admiración. Nunca se nos ocurre que sí, hay que honrar las raíces y también el árbol que ha crecido a través de ellas. Uno es ese árbol que antes que nada requiere honrarse con suma reverencia, siendo respetuosos cada quien de sí mismo. Me honro, me abrazo, me veo, me respeto. Validándome y valorándome gustos y necesidades, hasta los caprichos y las cosas que no me gustan de mí, tienen cabida en mi persona. Hacer un viaje al interior para tocar lo único que se puede poseer, a uno mismo, para trascender hacia una existencia plena.

El auto concepto va ligado a los introyectos, lo que pensamos o nos enseñaron a pensar de nosotros mismos, influye en lo que creemos ser. Los introyectos tóxicos (que no ayudan al desarrollo de la persona sana sino al contrario, limitan su crecimiento), alteran la percepción de lo que es real y hacen que se reafirmen en nuestras creencias la desconfianza hacia los propios recursos. La clave de sentirse competente y merecedor de la propia existencia, es entrar al laboratorio de vida y experimentarse con errores y aciertos, puliendo y desmantelando todas esas partes alienadas. El compromiso en primera instancia, es con el derecho de existir y manifestarse por todas las vías (respetuosamente), sin estar llenando expectativas de otros (también puede ser irrespeto a los demás), podemos comprobar que nadie nos pertenece y no pertenecemos a nadie, que el amor no es exclusivo de una persona sino es para dar-se a todos (sin prostituirse) y que la entrega total se da  cuando abrazamos la vivencia de SER en plenitud. Definir el concepto del hombre y sus necesidades llega a ser una cuestión subjetiva y multivalente, si no se parte del reconocimiento de todas sus partes integradas como un todo, siendo estas únicas, irrepetibles e insustituibles, las cuales en su conjunto conforman el valor de su existencia original. El reconocimiento del sí mismo, hace a una persona afianzada en su totalidad, observando su ser completo; en esencia su gestalt. Con los pies bien puestos en su camino, sin perder ninguna parte de su propia experiencia histórica, alcanzado a observar desde todos los ángulos cómo él es partícipe y agente de la misma; asumiendo la responsabilidad que conlleva el poder ver lo obvio en su propio camino. Esto lo defino auto apoyo, el cual  viene como consecuencia de la integración de la personalidad y su apertura de conciencia, un darse cuenta que abre brecha para la expresión de una persona integrada, auténtica y espontánea. Para expresarnos y abrir nuestras fronteras se necesita sensibilización, confiar en nuestro propio organismo, vivirnos en el darse cuenta y en el presente. Percatarnos de lo que hay ahí, que es valioso por ser propio y que es y tiene valor tan sólo por existir. Considero que el equilibrio del organismo requiere ritmo y movimiento armónico, el que si no existe, en esencia no hay vida plena, no se puede dar el flujo de energía que nos aporta una experiencia total, una vivencia orgásmica. Cuando quitamos las compuertas de las resistencias al darnos cuenta, haciéndonos responsables de lo que somos, hacemos y pensamos, la sabiduría del organismo se ve manifestada en la autorregulación; permitiéndose ser sin interrumpir ni auto manipularse.

El juego de la auto tortura es muy limitante, ya que nos hace prisioneros de dos amos (varias polaridades del lado de cada perro) que luchan por el poder y el control, empobreciendo nuestros recursos de ser auto-sustentables. Reconciliarnos con nosotros mismos es permitirnos vivir plenamente en nuestra propia piel.  Confiando en nuestra sabiduría interior, en la capacidad que tenemos de cuidarnos sin tener la idea ilusoria de que al controlar podemos vivir con más tranquilidad. El que controla no es libre de pertenecerse a sí mismo, porque también es controlado por su deseo de control. Aprender, es maravillarse de las cosas experimentando plenamente lo que surge en la propia vivencia dentro uno y la única forma de experimentarlo es sintiéndolo por medio del organismo; sin intelectualizaciones ni cúmulo de información donde se justifique, clasifique y seleccione a través de sistemas automatizados y repetitivos. Entender es comprender con todo lo que se es, con todos los sentidos, con el cuerpo, se vive y se siente. Seguir jugando al neurótico, es seguir revolcándose dentro del fango de nuestra propia victimes, buscando que los demás nos den lo que uno mismo se niega a darse. Pelar la cebolla de nuestra propia neurosis, se convierte en el arte de poder abrirse ante la posibilidad de expandirse hacia el crecimiento maduro y sostenido, obtenido de la fuerza de la propia vida.

Existir El objetivo final de tener, es tenerse a sí mismo, que significa que estamos llenos de nosotros; que uno es  lo que se tiene y se tiene lo que uno es. La conquista más suprema es recobrar el terreno que se le ha cedido a otros, sabiendo que podemos gobernar por derecho propio nuestras propias tierras. Perderle el miedo a dejar de ser <<funcional>> para convertirse en un ser << existencial>>. Me refiero a ser funcional dentro de los estándares de los demás, para voltear el foco de atención hacia uno mismo. Donde se viva en el ser y no en pertenecer, en función a un agente externo. De esta manera, poder expandir la frontera de nuestro ser y dar al mundo lo genuino, lo auténtico. Con las siguientes palabras puedo describir mi proceso de la confluencia a la existencia: Soy la persona que nunca me va a dejar y también a la primera a la que he dejado en el camino. He estado dispuesta a emprender la búsqueda de mí fuera de mí, y por lo único que me guío es por lo que dicen que soy. Me aferro a una existencia artificial, más allá de lo que en realidad puedo sentir, tocar, oír, ver o paladear; ya que ir a lo seguro parece ser que vale más que el riesgo de vivir, ya que vivir implica la aventura de respirar con los propios pulmones y no abastecerse del aire de otros. Que si no lloro, grito, someto, me quejo, manipulo o me impongo, la vida no tiene chiste. ¡Ha! y por cierto que a los mártires se les hacen estatuas.  Espero seguir aletargando mis sentidos, adormeciendo mi voluntad y la propia fuerza de mis recursos, para invocar lo que alguna vez me dijeron que significaba ser feliz. Me he dejado a un lado por mucho tiempo, porque me han dicho que es necesario, que no es correcto o que no va con el estilo de vida de mi familia, la sociedad, los amigos, las buenas costumbres, hasta  la profesión que me han dicho que es la mejor para mí. Lo dejo a un lado y sigo mi camino, un camino que me hace llegar al mismo punto una y otra vez, ya sin asombro y hasta con un dejo de tedio cayendo en el conformismo de aceptar lo que dicen que soy. Me dicen que ser yo no me va a dejar nada en la vida, no me va a dejar dinero, ni éxito ni aplausos. Que la aventura de mis sueños y mis metas son un fracaso y no valen la pena ni siquiera intentarlas porque no son fórmulas comprobadas por otros y que lo mío, no está patentado por alguien más. Siento como si me hubiera graduado de nómada, de pueblo en pueblo, itinerante y dispersa buscando a mi persona en otras, en cada rostro que conozco, en cada lugar que atravieso. Queriendo dibujar mi rostro en otros para poderme reconocer, poniendo mis pisadas en un terreno que no es el mío con el afán de poderme posicionar de éste, sin conseguir más allá que estar más perdida en el laberinto de mi mente. Temerosa de desprenderme de lo que dicen que soy. Experimento el amor por lo que me dicen que son estas cuatro letras y me aferro a su significado porque si no, ya no sabría quién soy y correría la infortuna de tener que averiguarlo por mi propia cuenta; algo desconocido para mí. Mi condena será no ser amada como lo que me cuentan que es eso. Me han dicho que el amor lo vale todo, que hay que aguantar, esperar hasta dejar de respirar, que hay que ponerse en el lugar del otro, que la prudencia es de sabios y las emociones como el enojo o la tristeza hay que dejarlas a un lado. Que por el bien de todos hay que sacrificarse aunque sea por encima de uno mismo; que la depresión se quita distrayéndose con el trabajo y sobre todo que no siempre se obtiene lo que uno quiere, porque ni modo: “así es la vida”… Espera, a

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