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Padres que Participan en la Formación de Huecos en la Personalidad de sus Hijos
Fecha: /02/2014.

                                   RESUMEN

    En este artículo se analizan, desde la óptica de una alumna del último semestre de la Especialidad en Psicoterapia Gestalt (corriente psicoterapéutica que es también una energía en proceso de configuración), en el rol de la paternidad-maternidad, la relación de pareja y la influencia de estos dos aspectos en la formación de huecos en la personalidad de los hijos, a través de introyectos y vínculos tóxicos.

 

    La Psicoterapia Gestatalt tiene como objetivos principales propiciar en los pacientes la ampliación de conciencia y la integración de la personalidad, dando con ello la oportunidad a que el individuo no solo descubra su potencial, sino también que lo viva, En consecuencia, siendo la imitación de uno de los medios de aprendizaje más practicado por el niño, este imitará y se conectará con la totalidad de sus progenitores.

 

INFLUENCIA DE LOS PADRES EN EL DESAROLLO DE LOS HIJOS

   La psicología del humanista habla del desarrollo humano en todas sus áreas, desde el momento de la concepción hasta la muerte. Considerando al hombre como el animal más evolucionado que habita la tierra, me lleva  a preguntarme: ¿Cómo es que se estanca? ¿Cómo es que se alienan partes de la personalidad? La teoría de la Psicoterapia Gestalt menciona que una vez que se adquieren introyectos, el ser humano empieza a actuar de acuerdo a ellos y evita los propios recursos que no encajan o satisfacen las expectativas del ambiente. Entonces ¿es el ambiente causante de la desintegración de la personalidad? Si es así, el compromiso es propiciar un ambiente sano, con seres que se paren sobre sus propios pies y alienten al otro a hacer lo mismo. De ser así, los nuevos seres se encontrarán rodeados de personas que viven utilizando su potencial, de acuerdo a las circunstancias.

 

   Muchos han sido los estudios que se han enfocado a la importancia que tiene la madre en la crianza de sus hijos por medio del apego y como los bebés tienen necesidades que deben ser satisfechas para que puedan crecer de manera normal.

 

   Una de esas necesidades es que la madre responda con prontitud y calidez.

 

   De aquí surge mi deseo de hablar sobre la maternidad, debido a que desde que se da la concepción, es nuestro principal contacto con el ambiente, es por la madre que sobrevivimos y con la que una vez que nacemos formamos el vínculo afectivo más importante de nuestro desarrollo y es la principal fuente proveedora de afecto, cuidado, protección guía y motivación.

 

   Es a partir del segundo año de vida que la figura paterna entra a nuestro mundo, complementando nuestras necesidades. Esto no significa que durante el período prenatal y el primer año de vida no haya sido importante, es simplemente que la madre era el principal foco de atención.

 

   Dicho lo anterior y entendiendo el grado de influencia que estas dos figuras tienen a lo largo del desarrollo, me pregunto si ellos tienen la conciencia sobre la influencia que tienen en la salud mental de sus hijos. Por lo tanto, la pregunta obligada es: ¿Estás listo para ser madre o padre? ¿Cuentas con la madurez y crecimiento personal suficiente para ejercer un rol que exige, relativamente, salud mental?

 

   El ser humano tiene potencial que no se ha detectado en ningún otro animal existente. Tristemente este se va mermando a través de  la convivencia con los dos seres que más nos aman y los cuales tienen la responsabilidad inicial de ayudarnos a descubrir y a desarrollar dicho potencial, para que una vez que tengamos la edad suficiente, contemos con los recursos necesarios para responsabilizarnos de nuestro desarrollo.

 

   Sin embargo, encontramos que los padres tienen su propia neurosis y que no han sabido encontrar el camino para desarrollarse en su totalidad y a partir de esto, promueven la formación de huecos en la personalidad de sus hijos, pues les exigen que se ajusten a su concepto de vida, que aprendan sus valores, que sientan sus miedos, imiten sus inseguridades, y que resuelvan sus asuntos inconclusos.

 

   Las figuras paternas contribuyen a que el ser humano desde niño no sea capaz de verse como un ser total y que logre el reconocimiento de todos los recursos con los que cuenta para enfrentarse al mundo, esto debido a que ellos mismos no han sabido reconocer y explorar su propio potencial, generando así un círculo vicioso, pues estos niños podrían ejercer su rol paterno con las figuras de sus progenitores introyectadas y actuar de la misma manera (frecuentemente agravada) con sus futuros hijos, ocasionando que la neurosis se incremente de manera inmedible en la sociedad, pues inconscientemente se le exige al hijo que cumpla con las expectativas de los padres con el objetivo de que éste “llene” aquéllas que el padre tiene sobre sí mismo.

 

   Por ejemplo: si un padre tuvo la expectativa de ser reconocido por su intelecto y por alguna razón esta expectativa no fue satisfecha en etapas anteriores, incitará a su hijo a que saque buenas notas para que por medio de él, el medio ambiente le dé el reconocimiento de ser un buen padre y así erróneamente penar que “satisfizo” o “cerro” un asunto inconcluso de su infancias.

 

   De aquí deriva la importancia de trabajar en todos aquellos aspectos que han marcado nuestra propia historia, para evitar conectarnos con nuestros hijos desde nuestras carencias y desde nuestros propios asuntos no resueltos. De lo contrario, esto creará lazos de conexión tóxicos entre padres e hijos, impidiendo el desarrollo de ambos.

 

 

LA PAREJA; PROMOTORA DE LA FORMACION DE HUECOS EN EL NIÑO.

   Los esposos son arquitectos de la familia (Satir, 2011). Por lo tanto, una vez que el vínculo de la pareja se torna tóxico, el papel parental de ambos empieza a predominar, pues cuando el vínculo se desgasta, los miembros de la pareja viven para los hijos, pidiéndoles a estos que sean ellos quienes tomen la responsabilidad del funcionamiento familiar, impidiendo que el niño cumpla con su rol de hijo y continúe con la búsqueda de su totalidad.

 

   Por lo tanto, la disfunción marital también propicia que se desarrollen conductas poco sanas en los hijos, dando la falsa creencia de que es el niño quien está mal, quien está enfermo, quien no encaja en la sociedad; cuando en realidad son los padres y su dificultad para mantener relaciones interpersonales sanas quienes lo están propiciando y de manera inconsciente, utilizan al hijo para que esconda su grado de neurosis y la disfunción marital que están viviendo.

 

   Todo este cuadro contribuye a que el niño aliene recursos desde pequeño y así se le dificulta el desarrollo y reconocimiento de recursos internos, pues lleva consigo el mensaje de no ser normal o apto para desenvolverse socialmente.

 

   Lamentablemente, cuando los hijos tienen mayor conciencia, es cuando el vínculo matrimonial de los padres está desgastado, incrementando las responsabilidades de que él o ella crean que el problema familiar está relacionado con ellos o que son ellos quienes tienen la obligación de restablecer y sanar el vínculo entre sus padres.

 

   Es una lástima que los niños no conocieran a sus padres cuando éstos eran jóvenes; cuando eran amorosos, cuando se cortejaban y se mostraban amables entre sí (Satir, 1991) pues al no haber vivido conscientemente esta etapa, les impide ver que las diferencias actuales están relacionadas con los padres y que por lo tanto, son estos quienes tienen la responsabilidad de trabajar en sus propios problemas.

 

   Si bien es cierto que la paternidad es un rol complicado y que involuntariamente se comenten errores, también es cierto que la pareja puede trabajar de manera ardua en sus propios conflictos intra e interpersonales. Los hijos no deben ser tomados como pantallas de proyección para que los padres sanen sus heridas infantiles, pues esto les niega la oportunidad de desenvolverse en situaciones reales actuales.

 

   Los huecos de la personalidad se generan a partir de introyectos que el ambiente ha introducido en nuestra manera de vivir, estando éstos como pautas de conducta que generalmente van en contra de lo que deseamos, provocando una pelea interna entre ser lo que realmente somos o lo que el ambiente espera de nosotros. Sin embargo, una vez que el ser humano va desarrollándose se torna más complicado deshacerse de todos aquellos aprendizajes tóxicos que se han adquirido a lo largo del crecimiento, generando una desintegración de la personalidad. Si tomamos en cuenta el hecho de que ambos padres no se viven como seres totales que han logrado ampliar su conciencia y han integrado su personalidad, se incrementan las posibilidades de que el hijo viva en la misma situación, es decir, con una personalidad alienada.

 

   Ahora, con esto no quiero culpar a los padres de la neurosis de sus hijos generando un circulo de víctima-tirano, ciertamente culpar al otro tampoco ayuda a alcanzar la totalidad. Lo que pretendo es promover un grado de conciencia y compromiso por parte de quienes desean o ya están llevando a cabo el rol de la paternidad. Pretendo alentar al padre para que este tome las riendas de su salud mental y que esta  a su vez se vea reflejada en el desarrollo total de su hijo. Por lo tanto, es mi deseo que todos los padres se desarrollen en el proceso de configuración de su totalidad, para que  sea con sus  áreas sanas con quien sus hijos más se relacionen.

 

 

 *Adriana Navarrete Olvera. Licenciado en Psicología Organizacional por la Universidad de León (Campus Moroleón - Uriangato). Actualmente está terminando la Especialidad en Psicoterapia Gestalt en el Instituto Gestalt de Guadalajara. 

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