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Lenguaje, Enfermedad y Pensamiento
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Lenguaje, Enfermedad y Pensamiento

Francisco Huneeus C.

 

A Modo de Introducción

CAPITULO 1

  

¿POR QUE UN LIBRO que trata de tres temas que aparentemente no están muy relacionados y donde, además, cada uno de por sí es bastante complejo? De más está decir que cada uno de estos conceptos constituye de por sí un universo en el ámbito de lo humano.

Dada su extensión y complejidad, ¿no será un tanto presuntuoso y ambicioso de mi parte intentar relacionar estos temas con un mínimo aceptable de rigurosidad?

Hace unos años leí un artículo de un médico estadounidense que llevaba el mismo título que este ensayo. Le había costado muchísimo conseguir que lo publicasen, debido a que las revistas médicas "oficiales" no compartían su manera de plantear las cosas. Finalmente apareció en una revista cuya especialidad es precisamente aceptar ideas que no calzan con lo convencional y establecido. Me fascinó el concepto y la audacia de intentar relacionar estos tres procesos tan importantes y tan humanos. Creo que todos alguna vez hemos meditado, al menos unos minutos, sobre estos procesos. Personalmente, como estudiante, luego como científico, como psicoterapeuta y psiquiatra, también he buscado ideas esclarecedoras. Sin embargo, este viaje es tortuoso a veces, porque la medicina oficial tiene un modo de explicar el proceso de estar enfermo que no considera ni el lenguaje ni el pensamiento.

Han habido otros autores que han indagado por estos mismos parajes, pero o yo no los he conocido o no los he entendido. Por alguna razón, el trabajo de Ellerbroek1 me tocó, posiblemente porque lo que ya estaba pensando al respecto de alguna manera era reflejado en su escrito. De modo que todo lo que sigue es de una manera muy general un parafraseo de aquello.

Admito que no pretendo ser original en lo que voy a decir a lo largo de estas páginas. Probablemente todo ya se ha dicho alguna vez y lo único novedoso sea el modo como se conectan los temas. Reconozco también el peligro que corro al adentrarme en terrenos que oficialmente le pertenecen a los lingüistas y los filósofos. Sin embargo, en la década del sesenta pude presenciar cómo personas que pertenecían "oficialmente" a otras disciplinas hicieron maravillas cuando entraron al campo de la biología. Me refiero al impacto que tuvieron físicos y fisicoquímicos en la elucidación de la estructura de macromoléculas biológicas y de mecanismos de reacciones bioquímicas.

Suele ocurrir que llegar a un campo determinado sin ser "especialista" es a la larga enriquecedor y fecundo precisamente porque la falta de prejuicios o de rutinas establecidas permiten ver las cosas de otro modo. Valga esto para justificarme, sobre todo porque no voy a recurrir a la erudición ni al academicismo para validar algunas cosas, sino más bien a la experiencia de cada cual. Y cada uno de nosotros ciertamente tiene experiencia en esto de hablar, pensar y enfermarse.

En cierto sentido, éste es el relato de un viaje por parajes muy distintos, algunos de los cuales he conocido con mayor detenimiento que otros, y del encuentro con maestros2 quienes de una u otra forma me han indicado hacia dónde mirar.

Al haberme formado en la tradición científica occidental clásica, me había pasado la mitad de mi vida tratando de diferenciar lo subjetivo de lo objetivo. Ahora puedo decir con cierto asombro y un dejo de esperanza, que por varias vías he comprobado que tal diferencia es muy cuestionable, tan cuestionable que me atrevería a decir que es una de las trampas más trágicas en que ha caído nuestra filosofía. Lo esperanzador está en que desde varios enfoques es cada vez más aceptable el hecho de que el observador no puede desligarse de lo observado. O dicho de otro modo, la observación es ambos; lo que observa y lo observado. De modo que si soy parte de una observación, cualquier cosa que diga de algo, en el fondo, es también un comentario acerca de mí mismo. Esta comprensión del conocimiento está ya subyacente en la física moderna, en la epistemología biológica, en algunas escuelas filosóficas modernas y también en algunas escuelas psicoterapéuticas, pero no es parte del pensamiento en que se apoya nuestra educación "oficial", y por lo tanto no se expresa en nuestra realidad cotidiana, ni en la organización de nuestra vida en la sociedad. Tal vez algún día...

Curiosamente la literatura, que se atreve a aventurar en regiones nuevas sin tener que  Justificarse "científicamente", expresa este concepto en la célebre frase de Margaret Wolfe Hungeford: "Beauty is in the eye of the Beholder" ("La belleza está en el ojo del espectador")3. No sé si este trabajo será una justificación científica de este concepto, pero en todo caso será el modo como yo he llegado a entenderla y validarla a partir de mi experiencia. Y si soy consecuente con esto, me inquieta el que como soy yo quien está escribiendo de alguna manera será un comentario acerca de mí mismo, o más precisamente cómo creo que operan estos procesos en mí. Digo "cómo creo", porque diga lo que diga acerca de algo, no deja por ello de ser un modelo o una teoría de ese algo y no el algo o la "realidad" de cómo ocurren estos procesos. Y bien pudiera ser que a nadie más que a mí le interesen estos procesos del hablar, del pensar y del enfermarse que yo considero tan importantes. No es que crea que soy tan interesante, ni nada por el estilo. "Uno del montón", como se diría. Y precisamente esto es lo que puede resultar interesante, ya que es muy probable que estos procesos ocurran en forma igual o parecida en la gran mayoría de las personas. Sólo en la medida en que el desarrollo que siga aquí de alguna manera "acompañe" o se "acople" a los procesos de otros "del montón", es que tendrá alguna utilidad o interés.

Dicho de otro modo, un libro así se entiende únicamente si uno ya conoce el tema de que se trata, y de más está decirlo, como humano uno conoce estos temas, ya que son procesos extensivos a todos los miembros de la especie. Otra cosa es poder hablar acerca de estos procesos. ¿Será que "conocer" un tema es poder hablar acerca de él, o es solamente un aspecto del conocer?

Me daré por satisfecho si mediante este ensayo consigo contribuir en algo hacia el esclarecimiento de conceptos a veces tan confusos como "saber", "conocer" y "creer" algo. Y ya que vamos a estar usando palabras para comunicar los significados de las palabras, al igual que los diccionarios, tendremos que reconocer las limitaciones propias de este procedimiento. Es por ello que continuamente tendré que apelar al significado más íntimo e intuitivo de algunos conceptos como los anteriores y que son difíciles, por no decir imposibles, de definir sin recurrir a la experiencia y la vivencia.

Por ejemplo a la pregunta: ¿cuál es su nombre?, la respuesta será algo así: me llamo fulano de tal. Y si uno continuara el interrogatorio con la pregunta: ¿y cómo lo sabe?, veríamos que nuestro interrogado cambia de expresión en su cara, mueve los ojos en distintas direcciones, emite una serie de señales que desde afuera denomino perplejidad, confusión, enfado, etc. Finalmente, la persona me da alguna respuesta del tipo: porque así me pusieron, porque así dice en mi cédula de identidad, porque siempre me han llamado así. Todas respuestas adecuadas, pero en cierto sentido bastante cuestionables como criterios de validación. Esto es muy parecido a lo que ocurre cuando un cliente le declara a uno: "Yo soy una persona que no confía en nadie" (y en ese preciso instante está confiándole esto a su terapeuta). O mejor aún, cuando uno está frente a alguien que le confía algo sobre su propia imagen o la imagen que tiene de sí mismo. "Yo soy feo, tengo la nariz demasiado larga y pésimo cutis". ¿Cómo lo sabe? ¿Cómo es que ha llegado a creer eso de sí mismo? ¿Es que hay personas verdaderamente feas, o narices demasiado largas, etc., etc.?

En gran medida la psicoterapia es una labor de convencimiento, de cambiar creencias acerca de las cosas. Al final la persona ha cambiado las creencias acerca de sí misma. Por esto es tan importante adentrarse en la estructura de cómo uno cree lo que cree.

Toda mi vida ha sido un continuo desprenderme de unas creencias, y la adopción de otras nuevas. No hay duda de que ahora no creo lo que creía hace años; de mí, del mundo, de las personas en general. Y con seguridad algunas de las cosas que creo ahora, más adelante ya habrán caído en mi descrédito.

Mi objetivo es que cada cual recurra a su propia experiencia, a su propia credibilidad. Fritz Perls solía decir: "El neurótico es el único que no ve lo obvio". Interesante frase sobre la cual hay que elaborar mucho. En realidad, ahora que escribo esto me doy cuenta una vez más de lo genial que fue este hombre. Durante unos años me he distanciado de su pensamiento o, mejor dicho, he creído y querido distanciarme de él, en un afán por rebelarme contra el hecho de que se me identifique, en alguna medida, con la Terapia Gestáltica (por haber tenido la suerte de traducir y publicar una buena parte de su obra).

Ahora comprendo que continuamente me saltan a la mente algunas frases de Perls, y que en este paréntesis he encontrado otras validaciones y otros puntos de vista que sustentan y amplían cosas ya dichas por él.

Y ahora, dadas las intenciones y justificaciones respectivas, podemos comenzar por el principio. En su Nota al Enfoque Matemático, en The Laws of Form (Las leyes de la forma), G. Spencer Brown4 dice:

El que las matemáticas, al igual que otras formas de arte, nos pueden llevar más allá de la experiencia ordinaria, no es novedoso. Pero, por lo general, los textos de matemáticas comienzan la historia por la mitad, dejándole al lector la tarea de tomar el hilo en la mejor forma posible. Aquí, la historia es trazada desde el comienzo.

A diferencia de otras formas de expertizaje, las matemáticas son un modo de decir menos y menos acerca de más y más. Por lo tanto, un texto matemático no es un fin en sí mismo, sino que una clave hacia un mundo más allá del alcance de la descripción ordinaria.

Sería ideal que pudiéramos tratar estos temas con esta claridad y precisión. Usando las matemáticas en un sentido metafórico, pretendo que así sea. Siendo cuidadosos con los   términos empleados y con las distinciones de niveles lógicos, puede que nos libremos de la palabrería y de caer en trampas y caminos sin salida.

Creo que si comenzamos algo desde el principio, no habrá nada que temer. Es posible que la reacción cuasi emocional que la mayoría tenemos con la sola mención de la palabra   matemática, se deba precisamente a que no se nos enseñó desde el principio, o bien se nos introdujo a una edad en que no nos quedaba otra que creer y aceptar lo que se nos decía. Me pregunto ahora: ¿cuánto de lo que sabemos, lo sabemos realmente desde el principio? En asuntos de la vida, la mayoría de los procesos que intervienen en nuestra elección de trabajo u oficio, etc., están determinados por tantos factores que sería imposible discernir algo parecido siquiera al principio. Además, debo confesar que esto del principio lo uso únicamente como una hipótesis de trabajo, porque nuestro modo habitual de entender los procesos es "como si" tuvieran un principio claro y evidente. Y de esto no estoy tan convencido.

Me gustaría poder decir como Ellerbroek y tantos otros, que efectivamente nos estamos  acercando al punto de inicio del enfermarse.

En todo caso, ya nos estamos alejando de la noción de la enfermedad como un proceso alejado de la historia y el campo total de la persona.

Cada día hay una comprensión nueva acerca de la naturaleza integral psico-física de la persona como una totalidad, y por lo tanto, los pensamientos que alguien tiene no son ajenos al modo como reacciona su organismo. De ahí entonces que cualquier intento de captar el proceso de pensar es un intento por captar el proceso de enfermar, y yo al menos, estoy cada día más convencido que uno habla como piensa y piensa como habla. Pero esto tampoco es enteramente así, porque habría que agregar el sentir. Entonces, se puede decir que uno piensa como siente y habla, y uno siente como habla y piensa, y uno habla como piensa y siente.

Por lo visto, con el tipo de pensamiento lineal, que es en el cual la mayoría de nosotros estamos formados, difícilmente podremos salir de este atolladero. Nuestro lenguaje tampoco nos ayudará en esto, debido a que también supone una linealidad, que se expresa en la secuencia de los conceptos ordenados de una cierta manera, como si efectivamente hubiera un "algo" que antecede a otro "algo", y todo esto enmarcado por una puntuación como si ahí terminara la cosa.

Nuestro lenguaje casi no tiene cómo referirse a los procesos que no son directamente mecánicos. Posiblemente, éste ha de ser uno de los factores que intervienen en las dificultades por las que atraviesan las ciencias de los organismos vivos, llámese biología, medicina, política o sociología. No tenemos un lenguaje de uso generalizado, que se adecúe a los procesos no mecánicos, como de hecho son los procesos de los organismos vivos en todos sus niveles de organización.

Pero en fin, así y todo creo que algo podemos adelantar, aun reconociendo las dificultades inmensas impuestas por la naturaleza de los temas a tratar y el medio que voy a usar para exponerlos.Solamente les pido un poco de paciencia y ojalá se contagien de mi entusiasmo al ir descubriendo cosas que pueden resonar como verdades para uno mismo.

 

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